El Lago de Garda y Bartolino, dos de los atractivos del país (Italia).
Abordo del barquito que costea el inmenso lago de Garda, en el camino de los Alpes, se acumulan las impresiones, fugaces, nada profundas, qué le vamos a hacer.
Comprendes por qué se llama “agua” cierto tono de verde o descubres cómo influye este microclima mediterráneo en un paisaje norteño que suma vegetación contradictoria.
Alguien reza nombres conectados con este pueblo, esa formidable villa o aquel islote, y si no prestas atención, y no la prestas, se dan la mano los vivos y los muertos, atrapados entre olivos y cipreses. Catulo, Cavazza Borghese, Visconti, Alighieri, San Francisco de Asís, Goethe, D’Annunzio… ¿la Callas?, “anche” la Callas, sí, en aquella casa esbelta y amarilla, que se compró, antes de Onassis, para estar cerca de la Arena, describe Matilde Hermida en un reportaje del ABC español.
Las poderosas ruinas de unas termas emergen grises en un extremo de Sermione. Un día propiedad del poeta latino Catulo, no están del todo muertas: amparan la vida que fluyendo a la vera de los manantiales sulfurosos en forma de modernos “spas”.
Garda, que le da o le roba el nombre al lago — extensión de 370 kilómetros, que se extiende entre las regiones de Trentino, Véneto y Lombardía—, y Bardolino, entre viñas, campos de melocotoneros, hoteles y educadas familias con niños, tiene vida propia. Además del lago y de sus enclaves (veintiocho al borde del agua), el viajero tiene cinco ciudades prodigiosas: Verona, Vicenza, Brescia, Mantua y Trento, en un arco de 150 kilómetros y con un par de aeropuertos a media hora de cualquiera de ellas.
Presumen de oferta para todos y todo el año: historia, arte, enograstronomía, deporte y naturaleza, dos elementos desdibujados bajo el peso de la cultura, importantes en invierno y verano.Fuente:yucatan.com.mx
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